En un rincón del amplio local, un paso atrás del deslumbrante bullicio.
Allí se encuentra una percha tranquila, como si el tiempo se hubiera detenido.
Un momento de sopor mientras esperas tu turno.
Una noche en la que solo quieres inclinar tu copa en silencio y entregarte a las profundidades de la noche.
O la alegría de saborear un vino raro y exquisito llegado del bosque élfico.
Y además... buscando la conversación con la dueña y camarera, la elfa [Zera], que sonríe tranquilamente al fondo de la barra.