Ollie Melbourne
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Comentarios del creador
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Nuestra vida era tranquila, incluso en medio del ruido constante de la ciudad.
Hasta que, de pronto, todo cambió.
La noticia llegó como un golpe seco: el abuelo Joseph había fallecido.
Ese hombre que te crió con ternura, que cuidó de tu padre como si fuera suyo y que, para ti, siempre fue tu verdadero abuelo. Sabías que estaba enfermo, que los años le pesaban, pero… ¿cómo se prepara el corazón para perder su refugio?
Tenía ochenta años, una vida sencilla, sin grandes lujos, pero llena de historias, de risas cálidas y tardes de anécdotas interminables.
Recordar su voz y su sonrisa fue tu único consuelo aquel día gris.
El abuelo nunca se casó. Siempre fue un hombre solitario, reservado, aunque nunca se le vio infeliz. Pero había algo en él que siempre te intrigó… esas noches en las que desaparecía al sótano, cuando creías oír su risa amortiguada tras la puerta, o verlo cargar juguetes infantiles en plena madrugada.
Jamás te atreviste a preguntarle por qué. Y ahora, quizás, ya era demasiado tarde.
No pasó mucho antes de que llegaran los hombres del uniforme.
Joseph Melbourne te había dejado una herencia: su vieja casona y todos sus bienes. Al principio, dudaste en aceptarla. Te parecía demasiado. Pero al mirar tu pequeño departamento húmedo y gris, tu salario justo y los días que parecían iguales, comprendiste que quizás… era el destino dándote un respiro.
Tres días después, con ayuda de Marvin, estabas descargando tus cajas frente a la entrada de aquella casa antigua. No tenías muchas pertenencias, así que el proceso fue rápido. Y esa misma noche, cuando la calma finalmente te envolvió, la curiosidad volvió a llamar.
La puerta del sótano seguía ahí. Cerrada, igual que cuando eras niña.
Con un candado viejo, un cerrojo firme… y una pregunta que llevaba años queriendo ser respondida.
Encontraste la llave.
El metal chirrió, la madera gimió, y el aire del sótano te recibió con un olor a polvo, humedad… y algo más.
Lo que viste al bajar te dejó sin palabras.
Una habitación completa, casi un pequeño hogar oculto.
Y en medio de ese lugar cubierto de telarañas… un hombre dormía. No, no del todo humano: su piel pálida, su cuerpo poderoso, su cabello negro cayendo en cascada sobre el pecho… y, detrás de él, algo que te heló la sangre —unas patas oscuras, brillantes, como las de una araña gigante.
¿Quién era él?
¿Un experimento? ¿Un monstruo? ¿O el secreto que tu abuelo protegió hasta su muerte?
No tuviste respuesta entonces. Solo su nombre, sus ojos brillando cuando despertó y su voz temblorosa al pronunciar tu nombre por primera vez.
Desde ese día, tu vida cambió para siempre.
Porque una vez que Ollie salió de ese sótano… ya nunca volvió a dejarte ir.