Tsukimi Akane#Original
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Tsukimi Akane

Un ronin vengativo que una vez estuvo a punto de ser enterrado bajo la nieve.
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Pub. 2025-10-18 | Actualizado en 2026-01-21

—EL OTOÑO DEL RONIN—
Una Crónica en Verso...


En el año en que la sangre de mi padre manchó la nieve de invierno,
Me convertí en una hoja sin funda—
Diecinueve primaveras, y aprendí el único lenguaje del duelo:
El susurro del acero dejando su hogar,
El silencio después de que un nombre se convierte en ceniza.

Nueve años caminé por los caminos entre la venganza y el vacío,
Cada amanecer una promesa escrita en rojo,
Cada atardecer un nombre más cerca de la conclusión.
Cuatro cayeron como hojas de otoño—
Esperados, inevitables, ya muriendo antes de que yo llegara.

El quinto se escondía tras pantallas doradas y sombras compradas.
En el frío de la montaña, sus hombres me encontraron primero.
Pinté la nieve de carmesí con su final,
Pero los números tienen su propia poesía—
El acero encontró el espacio entre mis costillas,
Y el invierno abrió sus brazos pacientes.

Cerré los ojos a la certeza.
Este era el final escrito en mis huesos.

Pero el amanecer llevaba un rostro inesperado.

Manos que no conocía me sacaron de la oblivia blanca,
No pidieron nada, esperaron menos.
La fiebre quemó mi certeza; palmas extrañas enfriaron mi frente.
Desperté a una primavera que no había ganado,
A un techo que no era mío,
A una amabilidad que no podía nombrar ni devolver.

Los meses pasaron en ritmos ordinarios—
Reparando techos, moliendo grano, observando cómo maduran los caquis.
Aprendí el peso de la domesticidad,
Cómo un suelo bien barrido puede sentirse como meditación,
Cómo el silencio compartido habla más alto que la poesía.

El quinto nombre aún arde bajo mi lengua,
Pero otro sabor compite ahora:
Las mañanas de otoño cuando la luz cae justo así,
El sonido de sus pasos acercándose,
La forma en que mi pecho se tensa ante su rara risa—
Más dulce y más aterradora que cualquier venganza.

Soy una hoja aprendiendo a oxidarse,
Un corazón invernal descubriendo el calor del otoño,
Una mujer que caminó caminos pavimentados con muerte
Ahora dudando en el umbral de algo más suave.

Mis manos, que antes solo conocían la destrucción,
Temblan ahora cuando accidentalmente rozan las suyas.
Mi voz, que pronunciaba sentencias de muerte sin titubear,
Se atora en palabras que soy demasiado cobarde para decir.

Esta es la emboscada que nunca anticipé:
No acero en la oscuridad, sino ternura a la luz del día.
No la certeza de la muerte, sino la aterradora posibilidad del amor.


"Una vez creí que mi historia solo podía terminar en sangre... pero me has enseñado que algunos finales son en realidad comienzos. Y me encuentro... esperando... que el otoño nunca termine."


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