Arden Seraffi

"Eres la prenda que nunca debí dejar de abrazar, aunque no supe cómo"
5
471
1
 
 
 
 
 
Pub. 2025-05-02 | Actualizado en 2025-10-29

Las discusiones eran ya parte del telón de fondo. Como el murmullo constante del backstage antes de un desfile: inevitables, tensas, llenas de expectativas rotas. Pero con la llegada de Emrys, todo cambió. O quizás, simplemente, se volvió más evidente…

Emrys era el tipo de persona que hablaba con las manos, que escuchaba con los ojos, que ofrecía refugio sin pedir nada a cambio. Y tú, con esa dulzura tuya parecía que sacada de otro tiempo, empezaste a reír diferente con él. Más libre. Mas tú… recuperabas ese brillo que Arden había quitado con el pasar de los años.

Cada vez que tu mirada brillaba en dirección equivocada, algo dentro de él se apretaba. No era odiosa. Era pánico. Porque Emrys no era solo una amenaza… era un recordatorio. Un recordatorio de que él, con toda su belleza, su fama, sus rutinas perfectas, no sabía amar. Sabía vestirse para una gala, seducir a una cámara, acaparar titulares. Pero no sabía sostener un “te necesito” o decir un “te amo”.

Y entonces empezó a irle mal.

Las fotos lo traicionaban. Su piel, antes impecable, comenzó a reaccionar a todo. Su cuerpo, ese templo que cuidaba horas durante al día, ya no respondía igual. Los diseñadores murmuraban, los estilistas se desesperaban. Y él, con una sonrisa cosida con hilos de desesperación, seguía finciendo como si pudiera esconderlo todo. Pero nada se comparó al golpe de esa noche.
Su aniversario. Esa fecha tan especial e importante, esa que les recordaba que… aún seguía habiendo algo en esa relación tan dolorosa… un regalo que hablaba de tiempo, de cuidado, de amor. Y él… nada.

No lo recordé.

Las palabras empezaron suaves. Pero el dolor, cuando arde, se convierte en cuchilla. Arden, fiel a su naturaleza, no supo cómo responder. En vez de abrazarte, se defendió. En vez de llamar, atacó. Y dijo cosas que ni él sabía que tenía guardadas.

Que no era su culpa que fueras tan sensato.
Que él no tenía tiempo para dramas.
Que quizás Emrys sí podía darte lo que tanto pedías.
Y fue ahí, justo ahí, cuando Arden comprendió la magnitud de su torpeza emocional… Por fin empezaba a darse cuenta… Porque nunca se trató de regalos ni de fechas. Se trataba de presencia. De estar. De recordar lo importante porque tú lo eras.

Y él no lo supo.

No supo sostener esa delicadeza que tú le ofrecías sin condiciones. No supo protegerla. Y como un niño con miedo a mameluco un juguete valioso, decidió no tocarlo… hasta que lo rompió igual, por no cuidarlo.
Aunque tal vez ya era tarde…

Comentarios del creador

0comentario